Noticias
La deforestación está en la boleta en las elecciones presidenciales de Brasil
Clima•10 min read
Explicativo
El estudio utilizó más de 40 años de datos para mapear los niveles fluctuantes de PFAS en las especies de la cadena alimentaria de la región.
Palabras de Vivian La, Grist
Esta historia fue publicada originalmente por Grist. Suscríbete aquí al boletín semanal de Grist.
Esta cobertura es posible gracias a una asociación entre Grist e Interlochen Public Radio en el norte de Michigan.
En Estados Unidos, las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS) son tan omnipresentes —se encuentran en todo, desde sartenes hasta el cuidado de la piel— que es probable que casi toda la población del país tenga niveles mensurables de los llamados “químicos para siempre” en su sangre. Es solo en las últimas décadas que el público y los científicos comenzaron a desentrañar los riesgos para la salud y la ecología asociados con algunos de los compuestos fabricados, que se ganaron su apodo porque no se descomponen fácilmente en el medioambiente.
Ahora, una nueva investigación de la Universidad de Notre Dame ha profundizado nuestra comprensión de cómo las PFAS pueden filtrarse a través de los ecosistemas y ascender en la cadena alimentaria para llegar a las personas.
El estudio revisado por pares, publicado esta primavera en el Journal of Environmental Quality, se centró en los Grandes Lagos. Los investigadores analizaron 42 años de estudios y combinaron casi 2,500 muestras de algas, peces, aves y otros organismos, en lo que se denomina un metaanálisis para identificar tendencias en la distribución de las PFAS.
Las PFAS se han relacionado con una serie de problemas de salud, y los productos químicos se han identificado en el tejido humano, incluyendo el torrente sanguíneo, el hígado, los riñones y los pulmones. Los riesgos conocidos para la salud van desde una disminución de la fertilidad hasta una mayor prevalencia de ciertos cánceres. Las personas pueden estar expuestas a las PFAS de varias maneras, incluyendo a través de los alimentos que consumen.
“Lo que estamos encontrando es que la propia red alimentaria es un vehículo para transferir estos químicos de un organismo a otro”, explicó Gary Lamberti, profesor de ciencias acuáticas en Notre Dame y coautor del estudio. “Así que es una visión más holística de lo que conocíamos antes”.
El estudio de los Grandes Lagos se centró en seis de los químicos PFAS que se analizan con mayor frecuencia, pero hay más de 15,000 tipos en existencia, según los Institutos Nacionales de Salud. Los investigadores identificaron una disminución drástica en las últimas dos décadas de un químico PFAS conocido como sulfonato de perfluorooctano (PFOS), luego de una eliminación gradual voluntaria por parte de las industrias a principios de la década de 2000.
“Si dejamos de fabricar estos químicos, eventualmente reducirán su concentración en la red alimentaria”, dijo Lamberti. “Eso es una especie de buena noticia sobre cómo podemos manejar estos químicos”.
Esas disminuciones se observaron en los Grandes Lagos inferiores —Ontario y Erie—, probablemente porque estas áreas albergan a las industrias pesadas que utilizaron los químicos.
Pero hubo poco o ningún declive de PFOS en los lagos superiores Superior, Michigan y Hurón, muy probablemente porque los cuerpos de agua son más grandes que los lagos inferiores. En contraste con los lagos menos profundos de Erie y Ontario, que renuevan su agua aproximadamente cada 2 a 7 años, el agua puede permanecer en los lagos superiores entre 60 y 170 años.
El estudio también confirmó que estos químicos aumentan en concentración a medida que ascienden en la cadena alimentaria. Las algas y las plantas tienen la concentración más baja, según el estudio, porque crecen y mueren rápidamente. Pero los depredadores como el salmón y las águilas tuvieron la concentración más alta porque comen una gran cantidad de presas que tienen muchas PFAS acumuladas.
Los niveles potencialmente peligrosos de estos químicos en los peces han provocado advertencias por parte de funcionarios estatales en todo el país sobre cuánto es seguro comer, incluyendo en Carolina del Norte, Wisconsin, Montana y Pensilvania. Michigan, que limita con cuatro de los seos Grandes Lagos, ha estado analizando peces en busca de PFAS desde 2012 y emite pautas de “pescado seguro” anualmente.
“Si podemos entender cuáles son los niveles de PFAS en la red alimentaria, podemos comunicar mejor el riesgo de consumir esas fuentes de alimentos potencialmente tóxicas”, señaló Katherine Manz, profesora de salud ambiental en la Universidad de Michigan, que no participó en el estudio.
Si bien fue fácil encontrar datos de PFAS en salmones, truchas y algunas aves, indicó Lamberti, la información sobre los peces más pequeños, invertebrados y algas “menos glamorosos” fue más difícil de conseguir.
Las herramientas para analizar el alcance de estos químicos aún están evolucionando, dijo Vernon Lalone, director ejecutivo de Wave Lumina, una startup con sede en Michigan que está desarrollando un kit de prueba rápida de PFAS en agua y suelo.
“Es como la situación del huevo y la gallina”, aseguró Lalone, quien no participó en el estudio. “Tienes que tener un método analítico que sea lo suficientemente robusto y confiable para medir estas cosas antes de poder regularlas en ciertos límites”.
Lamberti resaltó que todavía hay muchas preguntas sobre cómo estos químicos cambiarán en las vías fluviales a medida que suban las temperaturas debido al cambio climático, cambie la formación de hielo y a medida que las industrias introduzcan nuevos químicos. Pero es optimista: su estudio muestra que cuando los “químicos para siempre” se eliminan de la producción, las redes alimentarias eventualmente los expulsan de su ciclo. No hay una prohibición nacional sobre las PFAS, pero un mosaico de regulaciones federales restringe ciertos químicos y algunos fabricantes han eliminado gradualmente otros compuestos de PFAS de forma voluntaria.
“Eso es en lo que debemos pensar con estos químicos: cómo vamos a eliminarlos de la producción y encontrar sustitutos para que hagan lo correcto”, afirmó Lamberti.
Este artículo apareció originalmente en Grist en https://grist.org/science/new-research-traces-how-forever-chemicals-move-through-great-lakes-into-people/.
Grist es una organización de medios independiente y sin fines de lucro dedicada a informar sobre el cambio climático.