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Un estudio sueco revela pérdidas de carbono hasta 8 veces mayores que las estimaciones anteriores, lo que sugiere que proteger los bosques primarios es más crítico para la mitigación del clima.
Palabras de Seth Millstein
Sabemos desde hace algún tiempo que los bosques son cruciales para combatir el cambio climático, pero los científicos todavía están aprendiendo exactamente cuánto. Un nuevo estudio publicado en Science el 19 de marzo revela que los bosques antiguos e inalterados de Suecia almacenan hasta un 72 % más de carbono que los bosques secundarios manejados y replantados. La investigación sugiere que estudios anteriores pueden haber subestimado el costo climático de convertir los bosques primarios en bosques secundarios manejados y que preservar los bosques boreales europeos puede ser más importante para la mitigación climática de lo que se pensaba anteriormente.
Los árboles, el suelo y las plantas desempeñan un papel importante para frenar el daño de las emisiones de carbono, ya que capturan dióxido de carbono del aire a través de la fotosíntesis y luego lo almacenan, a veces durante siglos. Cuando los bosques se queman o se talan, gran parte de ese carbono almacenado se libera nuevamente a la atmósfera y quedan menos árboles para absorber el carbono.
En los últimos 10,000 años, alrededor de un tercio de las tierras boscosas del planeta ha sido destruido para usos que van desde la producción de madera hasta la expansión agrícola. Los bosques secundarios manejados a menudo se promueven como una solución climática. Se replantan o regeneran para ayudar a restaurar los ecosistemas locales, proporcionar materias primas como la madera y compensar las emisiones industriales a través del secuestro de carbono.
Para el estudio, los investigadores analizaron más de 200 parcelas de bosques boreales antiguos en Suecia durante tres años. También llamados “bosques primarios”, estos son bosques viejos con ecosistemas diversos y que no han experimentado perturbaciones humanas significativas, como una tala importante o la conversión de tierras.
Los investigadores midieron el carbono en estos bosques antiguos, no solo en los árboles, sino también en el suelo, las hojas, la madera muerta y otra vegetación. Luego combinaron estas mediciones de campo con los datos nacionales de bosques y suelos de Suecia para estimar el almacenamiento de carbono en los bosques primarios y en los secundarios manejados. Descubrieron que los bosques primarios almacenaban un 72 % más de carbono por acre que los bosques secundarios manejados, principalmente en su suelo.
Si bien ya se sabía que los bosques antiguos almacenan más carbono que sus homólogos secundarios, el estudio sueco descubrió que los modelos basados en datos reportados anteriormente subestimaron significativamente el costo climático de convertir un bosque primario en uno secundario. Según las estimaciones de los investigadores, este costo es entre 2.7 y 8 veces mayor de lo que se pensaba. Los hallazgos del estudio se producen apenas unos meses después de que una publicación de investigación diferente revelara que los microbios en la corteza de los árboles pueden secuestrar dióxido de carbono. El autor principal de este estudio, Pok Man Leung, de la Universidad de Monash, comenta a Sentient en un correo electrónico que los hallazgos del estudio sueco son “muy importantes”.
“Esto demuestra que no solo importa la cobertura de los árboles, sino que la edad y la naturaleza inalterada son críticas para el valor del ecosistema forestal para los humanos y el medioambiente”, escribe Leung. “Este trabajo sienta las bases para comprender cómo las prácticas de manejo forestal están impactando nuestro clima actual y futuro, y para repensar el valor de la conservación de los bosques”.
Pero Douglas Larson, profesor emérito de Biología Integrativa en la Universidad de Guelph, tiene una visión más cautelosa de los hallazgos del estudio. En un correo electrónico a Sentient, escribe que analizar únicamente cuánto carbono se almacena en los bosques primarios pinta un panorama incompleto; lo que es más importante, explica Larson, es la “rotación” (turnover), o cuánto tiempo permanece almacenado ese carbono en los bosques antes de regresar a la atmósfera como dióxido de carbono.
“Si ese 72 % se recicla [de regreso a la atmósfera] cada año o cada 5 o 10 años, ciertamente es mejor que un porcentaje menor”, señala Larson. “Pero aun así está devolviendo el CO2 generado por la descomposición directamente a la atmósfera”.
Sin embargo, Larson no culpa a los investigadores por no medir el almacenamiento a largo plazo de carbono en estos bosques primarios, ya que escribe que hacerlo sería “muy costoso, llevaría mucho tiempo y sería difícil”.
Por su parte, Leung escribe que el estudio sueco “plantea preguntas interesantes sobre si otros servicios ecosistémicos proporcionados por los bosques primarios también se ven comprometidos por la conversión a bosques manejados”. Cita a los microbios que atrapan carbono en la corteza de los árboles y el suelo como ejemplo: ¿podrían los microbios en los bosques secundarios ser menos eficientes para secuestrar carbono que en los bosques primarios? Se necesitará más investigación para responder a esa pregunta y a otras relacionadas con las propiedades de captura de carbono de los bosques.
Los investigadores del presente estudio concluyen que se debe dar mayor consideración a la conservación de los bosques boreales de Europa. En términos más generales, señalan la necesidad de más estudios regionales para comprender mejor cómo las diversas prácticas de manejo forestal y las características ambientales influyen en la captura de carbono en lugares específicos.
“Nuestros resultados muestran que proteger los pocos bosques primarios que quedan tiene un potencial mucho mayor para frenar el cambio climático de lo que se pensaba”, dijo el autor del estudio, Anders Ahlström, profesor titular de la Universidad de Lund en Suecia y exinvestigador posdoctoral de la Universidad de Stanford, según un comunicado de prensa de la Universidad de Stanford.