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Más de 1,700 empacadores de carne de Cargill son bloqueados tras exigir descansos para ir al baño

La empresa privada más grande de Estados Unidos se niega a ceder a las demandas de los trabajadores de condiciones laborales más dignas, incluyendo descansos protegidos para ir al baño.

Un grupo de trabajadores con pancartas que decían:
Cortesía de Teamsters Local 455

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Palabras de

El pueblo de Fort Morgan —de poco más de 5 millas cuadradas a lo largo de las llanuras del noreste de Colorado, con una población de alrededor de 11,900 habitantes— se ha convertido en el centro de una disputa laboral fundamental con la empresa privada más grande de Estados Unidos: Cargill.

Como una de las “Cuatro Grandes” empacadoras de carne que acaparan el mercado de Estados Unidos, Cargill produce alrededor de una quinta parte de la carne de res de la nación, con seis plantas principales de procesamiento de carne de res en Estados Unidos. Su matadero y procesadora en Fort Morgan es colosal por derecho propio. Siendo el mayor empleador del pueblo, cubre 85 acres y procesa alrededor de 4,000 cabezas de ganado al día; al menos, lo hacía hasta hace poco. Este motor económico ha cerrado, ya que la empresa detuvo la producción y bloqueó indefinidamente a sus trabajadores, poniendo en riesgo su sustento.

“Tenemos 1,700 miembros del sindicato, y veo eso como 1,700 familias… Eso es como 8,000 personas que dependen de nosotros para hacer el mejor trabajo que podamos y preparar a estos miembros para el éxito en el futuro”, dice Chris Suazo, un agente comercial de Teamsters Local 455, que representa a los trabajadores empacadores de carne de la planta. “Es mucha presión”.

A medida que las negociaciones se volvieron tensas a fines de abril, Cargill dejó de enviar ganado al matadero sin previo aviso, dejando a los trabajadores confundidos y con horarios reducidos.

“Detuvieron la producción un mes antes de bloquearnos [el acceso]”, dice Suazo. “Estábamos esperando a que la empresa viniera [para las negociaciones] y luego empezamos a recibir llamadas de los miembros en la planta diciendo: ‘Oye, hoy no hay vacas aquí. No hay vacas aquí'”.

Según Cargill, esta decisión de detener la producción se tomó anticipando un “paro laboral”, es decir, una huelga. “Antes de que comenzara el bloqueo patronal, Cargill ajustó los cronogramas de producción en las instalaciones de Fort Morgan el 23 de abril porque el sindicato había indicado que podría convocar un paro laboral inmediato durante las negociaciones del contrato”, comenta a Sentient en un correo electrónico Hli Yang, gerente sénior de comunicaciones de Cargill.

Pero los trabajadores no iniciaron una huelga. En cambio, Cargill impidió que los trabajadores accedieran a sus puestos el 20 de mayo, luego de que la empresa presentara al sindicato una oferta final, la cual no incluía sus demandas principales: salarios más altos para mantenerse al día con la inflación, protecciones contra la penalización de los trabajadores o su reemplazo con tecnología automatizada, y descansos protegidos para ir al baño, según Suazo.

Después de votar abrumadoramente en contra de esta oferta el 19 de mayo, el sindicato pidió a Cargill que modificara la propuesta o regresara a la mesa de negociaciones, pero la “respuesta inmediata de la empresa fue bloquearnos”, dice Suazo. “Me parece que solo están tratando de intimidar a los miembros para que acepten un trato deficiente”.

El derecho a ir al baño

A pesar de lo que ven como tácticas punitivas y en escalada por parte de Cargill, muchos de los miembros del sindicato bloqueados se han reunido todos los días de 7:00 a. m. a 7:00 p. m., formando líneas de piquete por todo el pueblo, llevando carteles que dicen “The Steaks Are High” (“Hay mucho en juego”, pero usando un juego de palabras en inglés entre steaks, filetes, y stakes, lo que está en juego). Piden regresar a sus trabajos y a la mesa de negociaciones sin descartar demandas clave, como protecciones al ejercer su derecho a usar el baño.

“Muchos no me creen cuando se los cuento. Nuestra gente está teniendo dificultades simplemente para ir al baño en la línea. Literalmente tuvimos que someter esto a arbitraje en 2017. El árbitro falló a nuestro favor dictaminando que nuestra gente sí tiene derecho a ir al baño, igual que cualquier otra persona en Estados Unidos”, afirmó Dean Modecker, secretario y tesorero de Teamsters Local 455, a una estación de radio local de Denver. Sin embargo, la empresa no ha respetado esto, según Modecker y Suazo.

La política de baños de esta planta de Cargill, establecida por primera vez en 1987, señala que los trabajadores “tienen derecho a ir al baño cuando sea necesario”. Esto viene con la estipulación de que, “sin embargo, primero debe solicitar permiso a su supervisor y darle un tiempo razonable para encontrar a alguien que lo reemplace. Ese tiempo razonable se establece específicamente entre cinco y diez minutos. En ese momento, si no es relevado, puede ir al baño sin [recibir] medidas disciplinarias”.

Bajo la ley federal, a todos los trabajadores de Estados Unidos se les garantiza el derecho a un “acceso rápido” al baño; sin embargo, la “cultura de represalias e intimidación” de Cargill, como lo expresa Suazo, hace que los trabajadores teman ejercer este derecho. “Los supervisores amenazan con despedirlos, amenazan con amonestarlos, ya sabes, cosas de esa naturaleza”, afirma.

Como resultado, “tuvimos a tres miembros desde diciembre que, esencialmente, se orinaron en los pantalones bajo [la supervisión de] este supervisor”, cuenta Suazo.

“Tomamos en serio cualquier acusación de que a los empleados se les impidió usar el baño o se les amenazó con medidas disciplinarias por tomar descansos apropiados para ir al baño”, escribe Yang. Ella afirma que “los empleados no serán sancionados por tomar descansos apropiados para ir al baño de acuerdo con los procedimientos de las instalaciones”.

Un mes de bloqueo sin un final a la vista

Este bloqueo patronal sigue a la primera huelga importante en la historia del empacado de carne en 40 años, cuando 3,800 trabajadores en Greeley, Colorado, abandonaron su trabajo. La huelga de tres semanas en JBS terminó resultando en un aumento salarial de 1.50 dólares en el transcurso de dos años y en una nueva política que impide a la empresa retener salarios por equipos de protección personal, informó Labor Notes.

El bloqueo de Cargill se ha prolongado ya por casi un mes. Si los trabajadores cedieran, comprometerían su salario durante los próximos cinco años. Cargill ha ofrecido un aumento de 2.15 dólares a lo largo de cinco años, según Suazo. A los miembros del sindicato les gustaría aproximadamente el doble de este aumento, comparable al incremento de 4.50 dólares de su contrato anterior de cinco años, que expiró en febrero.

El sindicato presentó recientemente cargos por prácticas laborales injustas contra Cargill, alegando que el bloqueo es ilegal y un intento de deprimir los salarios artificialmente.

El bloqueo ha paralizado la economía de todo el pueblo. Los negocios del centro se han visto afectados. Como informó el Colorado Sun, la empresa municipal de servicios públicos del pueblo está perdiendo los ingresos provenientes de Cargill, que normalmente consume “alrededor de 2 millones de galones de agua propiedad de la ciudad por día y alrededor de un tercio de todo el uso de electricidad de la ciudad durante el verano”.

A los trabajadores se les han unido muchos lugareños y sus familias, llevando comida y muestras de apoyo, junto con varios políticos locales. “Merecen, y este es mi mensaje para Cargill, un socio que esté en la mesa trabajando para cerrar este trato”, dijo el fiscal general de Colorado, Phil Weiser, en un mensaje desde la línea de piquete.

“Lo que vi fue realmente inspirador. Vi familias, por encima de todo, docenas y docenas de familias, la mayoría de ellas de origen inmigrante, de América Latina, de Haití, del África subsahariana”, comentó Tyler Quick, un exorganizador sindical que se postula para comisionado del condado de Adams y que se unió a los trabajadores de Cargill a principios de junio.

“Cargill sigue comprometido a llegar a un acuerdo a través de continuas negociaciones de buena fe y apoyaría una reunión conjunta con un mediador”, según Yang. Sin embargo, también confirmó que la empresa no ha cambiado su oferta. “Si bien nuestra última, mejor y definitiva oferta sigue siendo nuestra posición, seguimos abiertos a discutir cómo el paquete económico global del contrato podría estructurarse de diferentes maneras”.

Preocupaciones emergentes sobre el monitoreo con IA

Esta disputa se produce menos de un año después de que Cargill anunciara que invertiría 90 millones de dólares en tecnologías de automatización en la planta de Fort Morgan, como parte de la iniciativa “Fábrica del Futuro” de la empresa. La empresa ha instalado una red de cámaras impulsada por inteligencia artificial (IA) para “guiar cómo cortamos, para que podamos mantener más del producto donde pertenece, en el suministro de alimentos”, aseguró Leon Fletcher, vicepresidente de operaciones de Cargill, en un video que publicita la tecnología, conocida como CarVE.

Cargill promociona este sistema como una forma de reducir el desperdicio de alimentos y mejorar la eficiencia, pero la retroalimentación continua de la tecnología a los trabajadores y supervisores ha generado preocupación entre los defensores de los derechos laborales sobre cómo esta herramienta podría utilizarse para aislar, sobrecargar de trabajo e incluso reemplazar a los empleados. Tyson, otra de las “Cuatro Grandes” empacadoras de carne, utiliza sistemas impulsados por IA desarrollados por Palantir, lo que ha provocado preocupaciones similares sobre el despliegue de esta tecnología para maximizar la producción a expensas de los derechos y la privacidad de los trabajadores.

“Si Cargill estuviera realmente preocupado por la productividad de los trabajadores, estarían igualmente entusiasmados de pagar a sus trabajadores un salario justo y digno”, escribió Quick en un mensaje de texto de seguimiento a Sentient. “Me temo que lo que realmente les importa es el control. Y eso me alarma, especialmente cuando el estatus migratorio de tantos de sus trabajadores está ligado al empleo”.

La tecnología utiliza un sistema basado en colores para monitorear y clasificar constantemente el desempeño individual de cada trabajador. Según Suazo, el verde indica que lo estás haciendo bien, el amarillo que hay margen de mejora y el rojo que no estás cumpliendo con un estándar. Por ejemplo, si los trabajadores dejan demasiada carne en el esqueleto, su clasificación podría volverse amarilla.

Este sistema de clasificación se muestra para que los trabajadores no solo vean sus colores, sino también los colores del resto del equipo. “Si tienes a una persona que siempre está en rojo, todos lo van a ver”, dice Suazo. “Puede que no tenga su nombre, pero sabes dónde está la posición de esa persona”.

CarVE no se ha utilizado para penalizar a los trabajadores, pero al sindicato le preocupa esta posibilidad. En las negociaciones del contrato, “presionamos para que no se utilice para disciplinar a los miembros y, hasta el momento, no se ha usado para eso, pero no se comprometerían a ello”, afirma Suazo. Cargill también se negó a aceptar una disposición que proteja a los trabajadores de ser despedidos si la tecnología emergente reemplaza sus trabajos y les proporcione otro trabajo en la planta, comenta Suazo.

“El sindicato propuso un lenguaje amplio relacionado con los cambios tecnológicos y citó a CarVe como un ejemplo. Cargill no estuvo de acuerdo con ese lenguaje”, escribe Yang. “Su objetivo es ser una herramienta de orientación y aprendizaje para ayudar a los empleados a fortalecer sus habilidades y mejorar su consistencia, no monitorear, reemplazar o disciplinar a las personas”.

Esto puede ser revisado en futuras negociaciones, pero por ahora, el sindicato está más concentrado en asegurar que se satisfagan las necesidades básicas de los trabajadores mientras se forman líneas de piquete desde el amanecer hasta el anochecer. Están esperando a que Cargill regrese a la mesa, lista para hablar.

“Estamos dispuestos a escuchar y estamos dispuestos a negociar. Estábamos dispuestos a trabajar”, afirmó Suazo. “Fueron ellos los que dejaron de traer vacas, y fueron ellos los que nos bloquearon. Así que es un poco difícil, ya sabes, ser la única persona que quiere bailar”.