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Los arrecifes de coral de Hawái pierden la oportunidad de obtener personalidad jurídica

Basada en la administración indígena, la Ley NANI se habría unido a un movimiento creciente para otorgar a los ecosistemas derechos legales inherentes.

Una tortuga marina nadando cerca de un arrecife de coral
Crédito: David Fleetham/VW PICS/Universal Images Group vía Getty Images

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¿Puede un arrecife de coral ser una persona? Puede sonar absurdo, pero en los últimos 20 años, a diversos ecosistemas de todo el mundo se les ha concedido personalidad jurídica, lo que les otorga protecciones legales más sólidas que las que ofrecen las regulaciones actuales. El río Whanganui en Nueva Zelanda, la laguna del mar Menor en España y el río Klamath en California son solo algunos de los hábitats que ahora son personas ante la ley.

A principios de este mes, los legisladores de Hawái votaron en contra de la Ley Nā ʻĀina no Iʻa (Ley NANI), un proyecto que habría otorgado personalidad jurídica a los arrecifes de coral y a las cuencas hidrográficas, y habría dado a sus respectivos ecosistemas “derechos inherentes e inalienables para existir, prosperar y evolucionar naturalmente”, explica en un correo electrónico a Sentient el senador estatal de Hawái Mike Gabbard, presidente del Comité de Agricultura y Medioambiente.

“Habría facultado a las cuencas hidrográficas y a los ecosistemas de arrecifes de coral para ser representados en los tribunales, de forma similar a como los animales pueden ser representados bajo la Ley de Especies en Peligro de Extinción”, añade Gabbard.

¿Por qué son importantes los arrecifes de coral y por qué están amenazados?

Hawái alberga alrededor del 85 % de todos los arrecifes de coral de Estados Unidos. Los arrecifes sustentan aproximadamente una cuarta parte de toda la vida marina y proporcionan refugio, alimento y criadero a más de un millón de especies marinas. Los arrecifes de coral también aportan beneficios tangibles a las comunidades humanas como fuente de alimento y medicina, además de impulsar el turismo local.

Debido a su compleja estructura, los arrecifes de coral proporcionan una protección natural a las comunidades costeras frente a tormentas e inundaciones al absorber una cantidad significativa de la energía de las olas. Esto protege un valor estimado de 836 millones de dólares en propiedades y actividad económica en el estado cada año, según estimaciones del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS).

Pero en Hawái y en otros lugares, los arrecifes de coral están amenazados en varios frentes. Las emisiones de carbono están provocando el aumento de la temperatura del océano y esto puede causar el blanqueamiento del coral, proceso en el que el coral expulsa las algas simbióticas que hospeda, lo que puede resultar letal para el coral. La acidificación de los océanos a causa del calentamiento global está debilitando las estructuras coralinas y la sobrepesca está agotando las poblaciones locales de peces y alterando el equilibrio de los ecosistemas que proporcionan los arrecifes. Al mismo tiempo, el desarrollo costero y la escorrentía de la agricultura industrial dañan físicamente a los corales y contaminan sus aguas.

La personalidad ambiental, explicada

La personalidad ambiental es una herramienta legal que puede proporcionar protecciones adicionales a los hábitats naturales y ecosistemas cuando las regulaciones existentes fallan. Se encuadra dentro del movimiento más amplio de los derechos de la naturaleza, que busca otorgar a los ecosistemas el derecho legal a prosperar y persistir en su estado natural sin interferencias ni daños.

“Ahora mismo, lo que tenemos son regulaciones ambientales”, dice a Sentient Ben Price, director de educación del Fondo Comunitario de Defensa Jurídica Ambiental (CELDF). “Si funcionaran de maravilla, no necesitaríamos los derechos de la naturaleza”.

Desde hace tiempo, los críticos acusan a las regulaciones ambientales de ser débiles, inconsistentes o de aplicarse de forma deficiente. Pero Price, quien ayudó a redactar una de las primeras leyes de derechos de la naturaleza en Estados Unidos hace casi 20 años, sostiene que los problemas son aún más profundos. Una regulación establece límites a la cantidad de contaminantes que una instalación puede liberar al medioambiente. En otras palabras, permiten explícitamente que las instalaciones autorizadas causen contaminación y daños ambientales, siempre que se mantengan dentro de ciertos límites.

Tomemos como ejemplo la contaminación del agua por las granjas industriales. A pesar de que la agricultura es una de las principales causas de contaminación del agua en todo el mundo, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) no prohíbe, sino que limita, la cantidad de contaminantes específicos permitidos en las descargas y escorrentías. Y los permisos emitidos para regular la contaminación a menudo no se cumplen.

“La regulación ambiental dice: ‘Vamos a poner un límite a la cantidad de daño que puede hacer cualquier titular de un permiso'”, afirma Price. “Lo que estamos regulando es el ritmo de destrucción de la naturaleza, qué tan rápido lo haremos. No si lo haremos o no, sino qué tan rápido”.

En contraste, la personalidad ambiental “pretende dar a los ecosistemas capacidad legal para defender sus derechos ante los tribunales”, explica en un correo electrónico a Sentient Maxx Phillips, abogada del Centro para la Diversidad Biológica (CBD). “Aunque tales marcos varían en sus detalles, comparten el objetivo de permitir la rendición de cuentas por los daños y fortalecer las oportunidades de protección ecológica a largo plazo”.

¿Qué habría hecho el proyecto de ley de Hawái?

Las leyes de personalidad ambiental en todo el mundo suelen basarse en los principios locales indígenas de administración de la tierra, y la Ley NANI no era diferente. El proyecto de ley estipulaba que se permitiría a los arrecifes de coral y a las cuencas hidrográficas prosperar de acuerdo con “los valores culturales tradicionales y consuetudinarios, la práctica y la cosmovisión Kanaka Māoli, incluyendo la noción y práctica de malama aina”. Los Kanaka Māoli son el pueblo indígena de Hawái y Mālama ʻĀina se refiere a sus prácticas de cuidado y uso sostenible de los ecosistemas naturales.

“En la Ley NANI, a las cuencas hidrográficas y a los arrecifes de coral se les darían derechos para existir, prosperar y evolucionar naturalmente, y los tribunales podrían dictar medidas cautelares o exigir la restauración cuando esos derechos fueran violados”, dice Phillips. “El proyecto de ley enmarca estos derechos de una manera que se basa en los conceptos nativos hawaianos de administración, rendición de cuentas y responsabilidad recíproca con el lugar”.

Si estos derechos fueran violados, cualquier individuo podría demandar en nombre del arrecife y los tribunales tendrían el poder de dictar medidas cautelares y ordenar que el arrecife fuera restaurado, en la mayor medida posible, a su estado anterior.

“Cualquier individuo, agencia pública o entidad privada podrá entablar una acción contra otro individuo o entidad que viole o intente violar los derechos de una persona ecosistémica en el Estado”, rezaba el proyecto de ley, “y los tribunales podrán ordenar medidas cautelares, moratorias sobre actividades dañinas, planes de restauración, monitoreo, sanciones proporcionales al daño y obligaciones de administración a largo plazo”.

En conclusión

Aunque la Ley NANI no prosperó, ofrece una forma radicalmente distinta de ver los ecosistemas y nuestra relación con ellos.

“Este enfoque no consiste en tratar a la naturaleza como una propiedad, sino en crear herramientas legales que reconozcan y protejan a los ecosistemas como sistemas vivos integrales para el bienestar de la comunidad”, afirma Phillips.

La oficina de Gabbard comentó a Sentient que, aunque la Ley NANI está descartada por ahora, existe la posibilidad de que se vuelva a presentar en la próxima sesión legislativa.