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Un análisis de 33 de las principales empresas mundiales de carne y lácteos revela que casi todas utilizan mensajes engañosos y promueven iniciativas "sostenibles" sin fundamento.
Palabras de Jessica Scott-Reid
En 2024, dos importantes empresas cárnicas, Tyson Foods y JBS, se enfrentaron a un escrutinio legal sin precedentes por afirmaciones sin fundamento que cada una hizo sobre la reducción de sus impactos climáticos; en otras palabras, estaban haciendo greenwashing (lavado de imagen verde). JBS fue demandada por la fiscal general de Nueva York por marketing engañoso en relación con su promesa de alcanzar cero emisiones netas para 2040. La empresa solo había documentado planes para aumentar la producción, lo que incrementaría su huella de carbono, no la disminuiría. El caso se resolvió con un acuerdo de 1.1 millones de dólares y JBS tuvo que revisar el lenguaje en torno a sus compromisos climáticos, aunque la empresa no admitió ninguna culpa.
De manera similar, Tyson fue demandada por el Environmental Working Group por su promesa de alcanzar cero emisiones netas para 2050, además de su supuesto programa Brazen Beef “Climáticamente inteligente” (Climate-Smart). El compromiso de cero emisiones netas de Tyson y sus afirmaciones sobre una carne de res respetuosa con el clima no pudieron ser fundamentados. Sin admitir la culpa, Tyson acordó dejar de hacer tales afirmaciones a menos que fueran verificadas de forma independiente. Actualmente, la carne de res Brazen Beef no está disponible para su compra.
Pero este problema no es exclusivo de JBS y Tyson. Las afirmaciones de sostenibilidad sin fundamento están muy extendidas entre los principales productores de carne y lácteos a nivel mundial y, según una nueva investigación publicada en PLOS Climate, el 98 % de esas afirmaciones hechas por 33 de las principales empresas de carne y lácteos podrían clasificarse como greenwashing.
Muchas empresas de carne y lácteos han lanzado iniciativas de sostenibilidad prometiendo reducir las emisiones climáticas. Esto surge en respuesta a la creciente conciencia ambiental, en particular entre los consumidores y los inversores preocupados por la contribución desproporcionadamente alta de la industria a las emisiones de gases de efecto invernadero en comparación con otros productores de alimentos. Sin embargo, según las últimas investigaciones, estas empresas “proporcionan muy poca evidencia de respaldo” sobre una acción climática significativa.
Más bien, la industria transmite un mensaje tranquilizador pero engañoso al público. “Ha dicho: ‘No necesitamos preocuparnos por el presente. Vamos a resolver esto para 2040. Todo esto se limpiará’. Y no están logrando un progreso real”, explica a Sentient Jennifer Jacquet, una de las autoras del estudio y profesora de ciencias y políticas ambientales en la Universidad de Miami.
La evidencia sugiere que el 98 % (o 1,213 de 1,233) de las afirmaciones ambientales hechas por empresas de carne y lácteos en informes públicos de sostenibilidad y en sitios web “podrían clasificarse como portadoras de indicadores de greenwashing”, según el informe. El greenwashing “implica políticas o prácticas que parecen respetuosas con el medioambiente pero que tienen poco impacto significativo”.
El greenwashing puede incluir promesas sobre el futuro, o future-washing (lavado del futuro), “particularmente cuando no hay un esfuerzo claro para lograr tal promesa”, como en los casos de 2024 contra Tyson y JBS. Otro ejemplo de greenwashing incluye afirmaciones vagas que pueden carecer de métricas, lo que dificulta a los investigadores o consumidores saber si las iniciativas tienen algún impacto climático significativo. Solo 356 (el 29 %) del total de afirmaciones ambientales ofrecieron alguna evidencia de respaldo, como estudios o programas piloto internos. “Más de dos tercios de las afirmaciones ambientales carecían de evidencia alguna, lo que dificulta evaluar su credibilidad”, según el análisis.
Algunas de las empresas globales incluidas en el análisis fueron Perdue, Smithfield, Cargill, Nestlé, Danone y Hormel. La mayoría de las afirmaciones (el 68 %) estaban relacionadas con el clima, y Danone tuvo un número particularmente alto con 106.
El ángulo climático prevalente indica que “el cambio climático funciona ahora como el lente principal a través del cual las empresas de carne y lácteos presentan la ‘sostenibilidad'”, escriben los investigadores, “y otros problemas ambientales son relativamente periféricos”.
Jacquet dice que las empresas de carne y lácteos les dicen a los consumidores que “no necesitan escudriñar lo que están comiendo porque las empresas se están encargando de ello. Y lo que estamos mostrando es que no, solo se quedan en la retórica. No pasan a la acción”.
Algunas de las empresas de carne y lácteos destacaron mejoras ambientales, como el reemplazo de una caldera o la instalación de paneles solares, como evidencia de acción climática. El estudio afirma que estos cambios menores pueden distraer la atención de las mayores fuentes de emisiones de la empresa: la cría de animales. Las acciones que algunas empresas tomaron hacia la sostenibilidad a menudo fueron insignificantes en comparación con sus objetivos de sostenibilidad. Por ejemplo, Arla Foods, con sede en el Reino Unido, lanzó un “piloto de agricultura regenerativa” en 24 granjas. Según el informe, Arla es la cuarta empresa láctea más grande del mundo y una cooperativa de más de 12,700 agricultores. Esto significa que el piloto representa solo el 0.0019 % de sus operaciones totales. La empresa también informó sobre la instalación de paneles solares en una sola instalación de envasado de queso. “Una práctica tan limitada y específica de un sitio es pequeña en relación con la escala de su huella ambiental general”, escriben los investigadores.
El estudio también traza un paralelo directo con la industria de los combustibles fósiles, señalando que el sector de la carne y los lácteos podría estar empleando tácticas similares a las de las grandes petroleras, que han utilizado el greenwashing durante las últimas décadas para retrasar la acción climática significativa.
Un informe de 2024 de la Changing Markets Foundation, una organización de investigación europea que se centra en exponer el greenwashing corporativo y el daño ambiental, descubrió que el sector ganadero ha estado adoptando métodos asociados durante mucho tiempo con la industria de los combustibles fósiles, incluida una estrategia de “retrasar, distraer y descarrilar” para frenar la acción climática. Afirma que las principales empresas de carne y lácteos utilizan las tácticas de las grandes petroleras, como el greenwashing y la ciencia selectiva, para ocultar las emisiones y evitar la regulación. “En lugar de invertir en planes y trayectorias adecuados para reducir las emisiones, el informe revela que las empresas prefieren invertir en la ciencia que se adapta a su agenda”, lo que incluye restar importancia al impacto de las emisiones de metano y apoyarse en narrativas sobre la agricultura regenerativa.
Los autores del estudio de PLOS Climate señalan que, al igual que la industria petrolera, muchas de las empresas agrícolas con compromisos de cero emisiones netas también son propiedad parcial de BlackRock, una empresa multinacional de inversiones estadounidense y el administrador de activos más grande del mundo. “En una muestra de 69 empresas petroleras de Estados Unidos, los compromisos de cero emisiones netas fueron más comunes específicamente en los casos en que BlackRock tenía alguna participación”, observan los investigadores. “De manera consistente con este patrón, BlackRock posee acciones en nueve de las 17 empresas de carne y lácteos con compromisos de cero emisiones netas en nuestra muestra”.
El greenwashing puede dar forma a la manera en que vemos a la industria ganadera y su relación con el medioambiente. Crear un falso sentido de progreso “puede llevar a los consumidores y a los legisladores a creer que estas industrias contaminantes son más respetuosas con el medioambiente de lo que son”, al tiempo que permite a la industria continuar con prácticas que “socavan la mitigación del clima y los objetivos de sostenibilidad”, advierten los autores del estudio. A su vez, esta percepción puede propagar la confianza en múltiples audiencias y “traducirse en un apoyo continuo por parte de inversores, consumidores, gobiernos, clientes corporativos y el público”, incluso cuando las mejoras ambientales significativas no están sucediendo realmente.
Entonces, ¿qué se puede hacer? “Hay todo tipo de mecanismos de rendición de cuentas aquí que actualmente no se están aprovechando”, afirma Jacquet. “Los litigios son un ángulo”, como en 2024 con Tyson y JBS. “Pero, por supuesto, podría haber una mayor rendición de cuentas por parte de los accionistas. Podría haber más preocupación por parte de los consumidores. Y por eso pensamos que un estudio de esta naturaleza podría atraer a otras partes interesadas”.
En última instancia, dice Jacquet, si los consumidores tienen dudas sobre la autenticidad de las acciones que estas empresas están tomando para abordar sus daños ambientales, pueden elegir consumir alimentos que generen menos gases de efecto invernadero. “Los consumidores toman la decisión sobre qué comer tres veces al día como mínimo”, recuerda. Y como confirma la investigación, la carne y los lácteos son los principales emisores.